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24 Horas


El oasis de Sonora

En el desierto de Sonora se encuentra un oasis donde confluyen el río Salado y la montaña Lomo de Camello: la ciudad de Fénix en Arizona.

El calor de la mañana inspira a darse un baño en la piscina Catalina del hotel Arizona Biltmore, predilecta de Marilyn Monroe, con sus mosaicos importados de la isla de Catalina de donde deriva su nombre.

Tras el ejercicio se abre el apetito y los oriundos recomiendan Matt’s Big Breakfast. La omelet, rellena de queso y chiles verdes, es esponjosa y deliciosa. Viene acompañada de pancakes y gruesas rebanadas de tocino (panceta), mermeladas y una variedad de panes hechos en panaderías locales artesanales.

Con los motores recargados llega la hora del paseo y lo primero es llegarse hasta el Parque Papago y el Jardín Botánico del Desierto donde pueden apreciarse los saguaros, antiguos cactus que parecen centinelas, el aviario y el Pabellón de las Monarcas. Una vez adentro, las mariposas aterrizaron sobre las personas y la salida el personal les inspecciona a cada una en caso de que uno de estos intrépidos “pilotos” haya decidido viajar de polizón.

La próxima parada es el Museo Heard con diversas exhibiciones. La llamada Sole Stories se dedica al calzado en su más básica función así como representación artística. Están los mocasines de Sitting Bull y Jerónimo, las botas diseñadas por la NASA para el Comandante John Herrington para su misión con el Space Shuttle así como las zapatillas de ballet de la Prima Bailarina María Tallchief de la tribu Chickasaw.

El sitio ideal para pasar la tarde es el Phoenician Resort, no sin antes pasar a tomar el almuerzo en The Terrace. Las gorditas de cangrejo tenían suficiente picante para matar las papilas. Un buen helado de postre es el refresco perfecto para el ardiente paladar: mango o galletas con crema son espectaculares.

En el Resort hay diversas opciones. Para los golfistas está el campo de golf con sus 27 hoyos diseñado de tal manera que en cada nueve hoyos se destaca un aspecto particular de la belleza del desierto. Los de otros gustos, pueden relajarse en el Spa: faciales de caviar y masaje Accusage que combina el masaje tradicional con presión en los puntos meridianos. Está garantizado quitarse el estrés. Para cerrar el día con broche de oro, nada mejor que una breve siesta y después una cena digna de un sultán en La Hacienda, el único restaurante de cocina mexicana que ha recibido el prestigioso galardón de Cuatro Diamantes del AAA. El restaurante es parte del Fairmont Scottsdale Resort. El aperitivo será “Margarita Flight”, un surtido de cinco margaritas, lo suficientemente pequeñas para probarlas todas. Recomiendo la Prickly Pear Margarita. La combinación del jugo del fruto del cactus mexicano y tequila 100% agave azul es inesperadamente deliciosa y dulce. Sigue el suculento cochinillo asado relleno de chorizo mexicano pero el menú tiene ofertas tan tentadoras como pollo al horno con salsa de mole o langosta al mojo de ajo.

Para cerrar la velada, nada mejor que un paseo por el Centro en el Distrito de las Artes para disfrutar con las obras de las galerías y respirar el aire puro y seco del desierto antes de enfrentarse a una plácida noche de sueño ininterrumpido. 



De noche

Miguel Ángel sólo para ti

Cierto es quel a Capilla Sixtina es uno de los monumentos más populares y que más se merecen estar en la lista de maravillas del mundo que uno debe de ver antes de morir. Pero son muchos los turistas que se toman la lista demasiado a pecho.

Las interminables colas antes de entrar en el Vaticano y la aglomeración una vez en los pasillos por los que en su día pasearon Rafael, Botticelli o el propio Miguel Ángel son capaces de acabar, si no con la vida, al menos con la paciencia de cualquier visitante. Para evitar este infierno y poder apreciar el Juicio Final al final de este recorrido hay otras opciones como la que ofrece la irlandesa Helen Donegan después de vivir 30 años en Italia.

Se trata de un tour nocturno de tres horas por el Museo Vaticano y la capilla Sixtina en grupos de 20 personas máximo con un guía por cada 10 turistas. ¿Demasiado bello para ser verdad? La trampa es el precio: 250 euros por persona (aproximadamente 341 dólares en función del cambio).

Claro que los tesoros valen la pena. El techo de la Capilla Sixtina es considerada la mayor obra de arte de todos los tiempos creada por una sola persona. El escultor florentino ni se quitó los zapatos durante su creación, una obra en la que se vio forzado por Julius II y que pintó entre 1508 y 1512. Se trata de un fresco que Miguel Ángel mantuvo en secreto tanto cuanto pudo y  novicio en este arte invirtió cuatro años pintando unos murales que una vez secos no podía corregir ni enmendar.

 
Más información
 www.italywithus.com

 Sólo la brillantez de Miguel Ángel pudo crear algo así y merece la pena tomarse su tiempo para contemplarlo como se debe, incluso si el arte tiene un precio. Al fin y al cabo tan sólo un pequeño grupo de elegidos tiene la capacidad de disfrutar de los frescos de la Capilla Sixtina a solas y sin pagar. Se trata de la sala donde se reúnen los cardenales que escogen al Papa, algo que no ocurre todos los días.

María Galán es escritora española.


Excursión

En el corazón de la selva

Hay muchas posibilidades de que a la pregunta de cuál es la selva virgen más antigua del mundo la respuesta más popular sea la amazónica. ¿Correcto? No. La respuesta acertada es tan sencilla como desconocida. Se llama Taman Negara, que en malayo no es más que eso, “parque nacional”.

Con 130 millones de años de existencia Taman Negara se lleva el título del bosque tropical más venerable y lo que allí encuentra el turista hará los honores. En total son 4.343 kilómetros cuadrados de selva virgen en la que habitan más de 200 especies de mamíferos, 675 familias de aves distintas, 10.000 plantas diferentes y gracias a ser el secreto mejor guardado de Malasia, no tantos turistas como uno pensaría. De hecho Taman Negara no fue declarado parque nacional hasta 1939, cuando el país estaba bajo el dominio de la corona británica del rey George V.

Pero uno no llega a Taman Negara pensando en la cultura sino en la Naturaleza con mayúsculas, esa al alcance de la mano por tierra, con sus múltiples senderos a explorar; por agua, en la inmensidad de ese río Tembeling que te llevará con sus aguas marrones al corazón de esta selva, o incluso por aire, gracias al puente colgante más largo del mundo. Un total de 400 metros de largo que se suspenden a 25 metros del suelo y permiten al visitante pasearse entre las copas de los árboles.

Allí arriba podrás contemplar a los mayores mentirosos del mundo animal, a los llamados lémures voladores que ni vuelan (planean) ni son lémures (más bien de la familia de las ardillas). Incluso los turistas con vértigo se olvidarán de sus temores ante tal espectáculo desde las alturas. Pero en el suelo también hay numerosos puntos de observación para ese encuentro con algunas de las más bellas y respetadas especies del mundo en peligro de extinción como los tigres, los leopardos nebulosos (algo más pequeños que sus hermanos), las panteras negras o los tapires.

Lo más seguro es que sólo acabes viendo sus huellas o sus excrementos pero casi mejor así. Los ruidos constantes de una noche serena en el corazón de Taman Negara te proporcionarán el resto en la seguridad de tu imaginación. Y si entre toda esta Naturaleza te sigue preocupando la cultura, un nuevo viaje por el río te acercará a la tribu nómada Orang Asli, nombre que en malayo significa aborigen, un pueblo que vive al borde de la civilización aunque hechos unos fumadores natos desde la infancia para ahuyentar a los mosquitos y ya conocedores del comercio a la hora de ofrecerte sus artesanías por unos cuantos dólares. Sea cuál sea la opción, Naturaleza o Cultura, ante todo lo que Taman Negara ofrece es un refugio tranquilo para evadirse del mundanal ruído con las comodidades que ofrece su único “resort”, Mutiara. Una muestra de los mejor de los dos mundos: aíre acondicionado en unas cabañas en las que también habitan los gecos, el mejor repelente de insectos que puedes llevar a la habitación. Y para cenar, la carta es amplia y abundante en su restaurante pero atrévete a cruzar a la otra orilla del río para probar la cocina local desde algunas de las barcazas que allí atracan. Lo único que tendrás que temer son las sanguijuelas, siempre atentas a cualquier descuido. El resto es disfrutar de la misma paz que allí existió hace 130 millones de años.

 
Más información

Mutiara Taman Negara

60.9.266.3500 / 60.9.266.2200
Fax: 60.9.266.1500 / 60.9.266.2501

fomtn@mutiarahotels.com

Taman Negara

Los autobuses que salen diariamente del hotel Crowne Plaza Mutiara en Kuala Lumpur, a las 8:30 am en dirección al Kuala Tembeling Jetty, el barco que te llevará al corazón de la selva. Un viaje que también se puede hacer el coche, de unas más de tres horas desde la capital malaya, pero que es recomendable concluir en barco en sus últimos 16 kilómetros para sentirse uno con este bosque tropical.

Rocío Ayuso
es escritora residente en Los Ángeles.


Febrero-Marzo 2008
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