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24 Horas>> Escrito por Gonzo Sánchez

Los cerezos en flor de Washington D.C.
Los cerezos japoneses en flor bordean perfumando el paseo del río Potomac y las ardillas comen de la mano jugando al borde del estanque junto al monumento a Lincoln. No hay mejor estación del año que la primavera para visitar Washington D.C., la capital norteamericana.

El festival de los cerezos comienza el 29 de marzo y dura hasta el 13 de abril, con el gran desfile el 12 de abril. Hay conciertos en la Union Station, Jefferson Memorial y muchos otros lugares, representaciones de Mikado, grandes chefs de sushi preparan sus platillos acompañados de degustaciones de sake, festivales japoneses en las calles, regatas… dos semanas de pleno regocijo.

Por supuesto la primera parada es el Mall, el paseo central de la capital en el que se encuentran todos los museos de la Institución Smithsonian. Con niños es prioritario el Museo del Espacio y el Jardín de Esculturas para jugar al escondite y posar junto a las estatuas y el Museo de Historia Natural con su impresionante elefante presidiendo el vestíbulo.

Durante estos dos meses de abril y mayo, Washington despierta del letargo invernal y comienzan las celebraciones y las fiestas que se unen a la de los cerezos japoneses, siendo la primera el Festival de Artesanías en el National Building Museum, un edificio de gran belleza en si mismo. El Festival Internacional de Cine es otra de las atracciones primaverales de la capital norteamericana, que durante 22 años ha mostrado cientos de films de todo el mundo. Y por supuesto, el 26 de mayo, no hay que perderse el desfile de Memorial Day.

Un paseo por Pensilvania Ave. es obligado para ver los edificios gubernamentales y la Casa Blanca. El Capitolio es otra vista desde el Mall y una visita a la Biblioteca del Congreso es obligada si se tiene un poquito de tiempo extra. El Cementerio de Arlington en Virginia donde se encuentra la tumba de John F. Kennedy es un desvío que también se deberá tomar si hay tiempo. El transporte en Washington es excelente con un metro que lo transportará a donde desee. Si anda corto de tiempo, es deseable un tour preparado que le dará la posibilidad de conocer la ciudad eligiendo usted el medio que más le convenga: desde el trolebús a la bicicleta, pasando por el autobús con techo abierto al barco, caminando y hasta el Segway.




Volver, como dice el tango
Dicen que Carlos Gardel sucumbía ante el puchero que allí se servía. Cuentan también que fue ahí mismo, en una de esas mesas, donde una noche el ‘Zorzal Criollo’ firmó su primer contrato con ejecutivos del sello Odeón, dando así inicio a su propio mito.

Esas, y tantas otras historias de músicos, poetas, bohemios y políticos, se acunaron entre las paredes del tradicional ‘Café de los Angelitos’, un antológico bar de la ciudad de Buenos Aires que reabrió sus puertas luego de un largo período de abandono, para convocar esa misma magia que despertaba hace 117 años, cuando Batista Fazio, un inmigrante italiano, lo inauguró, en 1890. En ese tiempo, el reducto que después fue punto de encuentro de grandes personalidades, se llamaba ‘Bar Rivadavia’ y era apenas un viejo depósito, con mesas salpicadas sobre un piso de tierra. Pero a él acudía lo menos selecto de la sociedad de entonces: cuchilleros, estafadores, cafishios y malandras. Justamente, sus ‘peculiares’ habitués de antaño fueron los que inspiraron el nombre con el que el lugar pasó después a la fama, puesto que el comisario del barrio apodaba a la particular concurrencia como ‘los angelitos’.

Con el comienzo del siglo XX, la cultura, la bohemia y las artes fueron reemplazando a aquella forajida, aunque pintoresca, clientela. Así fue como desde Gardel hasta el piloto de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio, el maestro Jorge Luis Borges, los políticos Alfredo Palacios, Juan B. Justo y decenas de otros iconos sociales hallaron en ese bar un ámbito para el intercambio de ideas, la refl exión y el ‘ocio creativo’, y lo hicieron brillar entre las décadas de 1930 y 1950, confi riéndole un lugar privilegiado en el corazón de todos los porteños.

Tiempos modernos

La urgencia de la modernidad y los cambios en la fi sonomía de esa zona, que fue poblándose de edifi cios y empresas, transformó al Café de los Angelitos en un simple sitio para el almuerzo rápido de ofi cinistas, sin tiempo para alimentar el encanto y la sobremesa. Las penurias económicas y el deslucimiento llevaron al establecimiento a cerrar sus puertas, en 1992. Así permaneció hasta hace pocos meses, cuando se reinaguró con pompa, luego de una restauración minuciosa que respeta fi elmente su encanto original.

Hoy, el histórico bar tiene tres pisos, ascensores y servicio de primer nivel. Eso sí: poco le queda al menú de ‘popular’. La cocina tiene una mirada internacional, combinada con sabrosas especialidades del paladar local, como empanadas o el clásico bife de chorizo, un corte especial, preparado en exquisitos platos y al mejor estilo gourmet.

La decoración es un punto aparte: sus lámparas de cristal, bronces, sus magníficos vitreaux y las 350 fotografías de época contribuyen a recrear el clima de aquellos viejos y gloriosos tiempos.

Por las noches, se brinda un show de tango que incluye cena, baile, una puesta en escena con más de veinte artistas y hasta una ‘orquesta de señoritas’, como solía ofrecerse en los años treinta. El costo de este espectáculo es de 250 pesos argentinos (US $80). En el bar la cena para dos personas ronda los 70 pesos (US $25). El restaurante funciona las 24 horas, y las instalaciones incluyen conexión wi-fi . Algo que, ni Gardel ni Borges hubieran imaginado.

Valeria Agis es escritora argentina residente en Buenos Aires.

Más información

Café de los Angelitos
Avenida Rivadavia 2100
(esquina Rincón), Buenos Aires.
(54) 11-4952-2320.
www.cafedelosangelitos.com


Los “mini-hoteles”
La mejor descripción es la que aúna el espacio imposiblemente pequeño de un coche cama y la estética de cualquier serie espacial al estilo “Star Trek”. Así lucen las 46 cabinas del Yotel, el primer hotel cápsula abierto en la terminal sur de llegadas internacionales del aeropuerto de Gatwick, una de los principales puertos de entrada a Londres.

Este tipo de hoteles tienen una larga tradición en Japón, construidos para descansar durante unas horas en un espacio minúsculo, sin ventanas pero con cama y todo tipo de amenidades, por un precio módico. El Yotel añade un nuevo encanto a su lista, el lugar perfecto para estirar las piernas un rato entre conexiones aéreas o cuando se produce un retraso inesperado por culpa del mal tiempo o simplemente desea descansar. Situado en los bajos de la terminal sur, por £ 25 por cuatro horas Yotel le ofrece cabinas estándar con un minúsculo cuarto de baño con ducha e inodoro así como una cama empotrada supuestamente para dos.

Todo ello está decorado de manera futurista y en tono violeta. Eso sí, no queda espacio para las maletas a menos que sea equipaje de mano. Por £ 40 las cuatro horas la cápsula Premium da algo más de espacio y es más indicada para una pareja que además quiera guardar su equipaje debajo de la cama, un sofá que se transforma en un lecho más adecuado cuando la espera es a dúo.

Los precios pueden aumentar si se contrata la habitación para toda la noche a £ 55 y £ 80, respectivamente. La conexión a Internet es incluida y televisión extraplana que cuelga de una de las paredes ofrece una oferta de 60 canales.

El éxito de este experimento espacial parece asegurado ahora que la cadena Yotel se ha expandido también a la terminal internacional del aeropuerto Heathrow en Londres y desde primeros de año se ha sumado la vieja Europa continental con oferta de estos cubículos en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam. También hay planes para el diseño de nuevas habitaciones todavía más pequeñas y baratas donde el cuarto de baño deje de ser individual.

Rocío Ayuso es escritora residente en Los Ángeles.

 Yotel Hotel
 www.yotel.com

Caminos de Guanajuato
Después de haber pasado varios días en la ciudad de Guanajuato como parte de mi plan de cura antiestrés, me recomendaron hacer un recorrido por otras ciudades alrededor. Todas las recomendaciones apuntaban ir hacia Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende, como a una hora y medio por carretera. Lo importante de estos lugares, aparte los encantos como ciudades, es su relevancia en la historia moderna de México.

Dolores Hidalgo

Descubierta la conspiración planeada contra el gobierno de la Nueva España, el padre Miguel Hidalgo convoca rápidamente a sus seguidores y les avisa que se levantarían en armas para luchar contra la Corona Española.

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810 los habitantes del pueblo de Dolores oyeron las campanas de la parroquia que llamaban a misa y reunidos en el atrio de la iglesia lanzaron los gritos de ¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! convocándolos a levantarse en armas para luchar por la libertad de la dominación española. Este acto es conocido como el “Grito de Dolores” o simplemente “el Grito” y todos los años, el 16 de septiembre, el Presidente de la República lanza el grito de libertad como comienzo de las festividades del Día de la Independencia.

Una vez conseguida la independencia, se convirtió en ciudad pasando a llamarse Dolores Hidalgo en honor al bravo religioso, que nunca llegó a ver su sueño realidad, ya que en cierto momento de la lucha fue capturado y decapitado. La ciudad ostenta el título de “La Cuna de la Independencia Nacional”.

Sin duda alguna, el centro de atracción es la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores donde tuvieron lugar los hechos mencionados, presidiendo una inmensa plaza en cuyo centro se encuentra una estatua del padre Hidalgo. Grandes árboles y con sus bancos debajo, invitan a “no hacer nada”. “¡Humm! Con este calor cómo se me antoja un helado”, pensé. No me había dado cuenta que estaba el lugar perfecto, pues alrededor de la plaza había infinidad de puestos de helados con variedades de lo más exóticas. Helado de camarón, de tequila, de aguacate, de frijoles…¡interminable!

Es interesante visitar la Casa del Diezmo, hoy en día el Museo Casa de Hidalgo, la Casa de Mariano Abasolo, ahora Presidencia Municipal, la cual fue habitada por Benito Juárez en 1863 y por el Emperador Maximiliano en 1864 y la Casa de la Visitas, llamada así porque en ellas se hospedan las personalidades distinguidas que visitan la ciudad. Es tradición, que en el quinto año de mandato presidencial, el Presidente de la República va a Dolores Hidalgo a lanzar “el Grito” el Día de la Independencia, y se hospeda en esta casa.

El legado del padre Hidalgo fue más allá del movimiento independentista y durante muchos años se preocupó de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, enseñándoles labores y oficios para que se pudiesen defender económicamente. La industria artesanal de cerámica de Talavera, tiene uno de sus máximos exponentes artísticos en esta ciudad. Decoradores, arquitectos, constructores, y cómo no turistas nacionales y extranjeros, fluyen a la ciudad en busca de piezas únicas y a buen precio.

Otro héroe más moderno de la ciudad es el compositor José Alfredo Jiménez (1926 – 1973), para muchos considerado el mejor compositor mexicano de todos los tiempos de música ranchera, corridos y huapangos. No soy muy dado a visitar los cementerios, pero el mausoleo de compositor en el Cementerio Municipal es algo digno de verse. Un gigantesco sombrero mexicano y un colorido sarape extendido sobre el suelo contrastan con las blancas cruces de alrededor. En cada raya de color del sarape va inscrita cada una de sus canciones más famosas.

San Miguel de Allende

Si bien Dolores Hidalgo fue “la Cuna de la Independencia”, San Miguel el Grande fue “la Fragua de la Independencia” donde el general Ignacio Allende se unió al padre Hidalgo organizando las fuerzas insurgentes. Ganó muchas batallas pero al final, como el padre Hidalgo, no vivió para ver su sueño realizado, corriendo la misma suerte; capturado y decapitado. En 1826 fue elevada al grado de ciudad cambiando al nombre a San Miguel de Allende en honor al general.

La pintoresca ciudad es una bella muestra de la arquitectura colonial combinada con los coloridos toques autóctonos, que le confieren ese distintivo sabor. Es tranquila, de-sosegada, donde no hay lugar para las señales de tráfico ni las luces de neón. Si no fuesen por los autos, que se pelean frenéticamente por encontrar un hueco para estacionar y nos recuerda en el siglo que estamos, yo diría que casi puedo ver al general Allende paseando por las calles en su caballo.

Para mi toda la ciudad es un monumento y auténtico paraíso para la fotografía, con multitud de rinconcitos que captar. Hay libros de fotografía dedicados solamente a las puertas y portones que se encuentran en sus calles. Actualmente es un centro internacional de arte y cultura, donde se combina el turismo toda clase de actividades artísticas. Cursos y seminarios de pintura, escultura y de letras, escuelas de español, exposiciones, salas de arte, clases de cocina mexicana e internacional, conciertos de jazz y de música de cámara, y un sinfín de otras actividades, imprimen a la ciudad ese ambiente bohemio e intelectual.

La parroquia de San Miguel Arcángel es el monumento más destacado, que se puede ver desde cualquier parte. Domina la plaza del Jardín, centro neurálgico de la ciudad, donde también se encuentra el Templo de San Rafael y la Casa de Allende. A pocos pasos, en cualquier dirección de salida de la plaza se encuentran muchos otros edificios importantes como la monumental casa del Conde de la Canal seguida un poco más abajo del Templo de la Inmaculada Concepción. Tampoco hay que dejar de ver, el Templo y Convento de San Francisco. En fin, la lista es interminable.

Ya caía la tarde y estábamos más que cansados, agotados de tanto andar durante todo el día, y sin comer para aprovechar el tiempo. Como siempre que viajamos nos gusta buscar sitios fuera de las guías turísticas. Nos recomendaron La Posadita, cerca de la Casa de Allende. Lugar modesto pero agradable, de comida típica mexicana. Y qué mas típico que un pozole, sopa con un maíz especial llamado cacahuazintle y carne de cerdo o pollo con condimentos- aunque esta vez opté un pozole verde estilo de Guerrero, que nunca había probado. Mis compañeros eligieron Enchiladas del Portal, hechas con queso y cebolla, rociadas con salsa de chile ancho y cubiertas con lechuga, cuadraditos de zanahoria y papa hervidas y doradas, crema y queso y una pechuga de pollo dorada al lado. ¿Y para beber? Un cóctel margarita de tamarindo con chile en polvo en el borde de la copa. ¡Espectacular! Les prometo que no fue solo uno.

Después de la cena y el cansancio, no había ganas para manejar de nuevo, y decidimos quedarnos a dormir en la ciudad. La dueña del restaurante nos aconsejó la pensión Arcos del Atascadero. La palabra “pensión” sonaba a algo demasiado económico, pero ya no teníamos ganas de empezar a buscar. La verdad es que Patty, la dueña de la “pensión”, peca de modesta, porque para mí su establecimiento es un “hotel boutique”. Es una casa preciosa, con 6 habitaciones, decorada con alegres colores y con un gusto exquisito. Cuenta con piscina y unos varios patios llenos de plantas. Un auténtico remanso de paz. Después supimos que ella era arquitecta. Por la mañana Patty nos tenía preparado un desayuno de reyes que compartimos con algunos de los huéspedes, todos en una mesa grande en el comedor, charlando como si nos conociésemos de toda la vida. ¿Y la cuenta? A precio de pensión.

Guillermo de la Corte es Adjunto a la Directora de Nexos.


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