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Paladar>> Escrito por Rocío Ayuso

El Bulli
Es el secreto a voces mejor guardado de Hollywood. Los que lo han probado se pavonean más que de su propio Oscar. Y los que no han saboreado todavía sus manjares los buscan desesperados.

¿Cómo puedo conseguir mesa en El Bulli?”, se afana desde hace meses James L. Brooks, ganador del Oscar como director de Terms of Endearment y productor de la serie animada más popular de todos los tiempos, The Simpsons. “Yo espero ir allí pronto ahora que le he dado un papel en Ratatouille”, añade con seguridad Brad Bird, realizador de esta última joya animada sobre una rata que sueña con ser un gran cocinero.

Catherine Zeta-Jones les trata con superioridad y tiene razones para ello. “El Bulli es como un laboratorio que está a las afueras de Barcelona y tienes que reservar como con dos años de adelanto. Pero con Michael (Douglas, su esposo) fuimos realmente afortunados y nos dejaron comer en la cocina saltándonos la cola. ¡Estuvimos comiendo desde las 6:30 de la tarde a la una de la mañana!”, recuerda con deleite.

Y es que El Bulli se ha ganado este reconocimiento y más, una joya para el paladar escondida en la cala Montjoi que debe su nombre a Ferrán Adriá, pionero de la gastronomía y considerado en la actualidad el mejor jefe de cocina del mundo. El secreto de este catalán de 45 años y de su cocina, de la que es dueño junto con Juli Soler desde 1990, es la sencillez, la vuelta a lo clásico, preservar los sabores originales pero apelando a la novedad.

Todos los sentidos del comensal estarán alerta y quedarán satisfechos al probar los waffles de mar y sésamo blanco, el chocolate salado de casís, yogur y pistacho, el fondant de frambuesa con wasabi y vinagre de frambuesa o el brioche frito Shangai, entre otros de los platos de la última carta. Pero el comensal no debe apabullarse por los nombres. Adrián apuesta por lo básico como unas habas peladas, salteadas con un poco de aceite y con un huevo frito encima. Nada mejor si tienes la oportunidad de comer allí en febrero, el mes de las habas. El problema es conseguir esa mesa, al menos si no eres la esposa de Michael Douglas.


Algo más

Bodegas con hotel:
el anti-estrés
La opción de adentrarse en el apasionante mundo del vino va ganando adeptos entre los que, hartos del estrés urbano, han descubierto el placer del turismo enológico, ese viaje, con parada y fonda, al corazón de las viñas y bodegas.

La fórmula de la bodega con vocación de hospedería ha calado hondo en países como Francia, España, EE.UU. o Chile, donde hace ya unos años que emprendedores cosecheros apostaron por convertir sus campos de viñedo y zonas de producción en latitud y longitud cultural del vino.

Se trata de un concepto que recupera una visión personal del lujo que consiste en la capacidad de disfrutar con muchas cosas que otros dejan de lado como recorrer los viñedos antes que la playa, por ejemplo. Una idea, alejada de la ostentación, que persigue desvelar al viajero la intimidad secreta del vino, siempre en conexión directa con el culto a la amistad, la conversación y la vida.

Así, las bodegas chilenas, californianas o españolas han alimentado de forma entusiasta esta tendencia que aspira a fidelizar al viajero enamorado del “enoturismo”. Las ofertas para seducirle son muy tentadoras: lujosas estancias y centenarias casonas restauradas, tratamientos de vinoterapia, cursos de cata y yoga, visitas guiadas a las instalaciones y la bodega, estupendos restaurantes, actividades al aire libre, etc

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La consigna de las bodegas con hotel no es otra que convertir la vida de los huéspedes en un rito: el tiempo discurre allí entre los aromas de los caldos catados, aliteración alegre y convivencial, y la provisión de sol, aire y reposo restaurador. Unos días de sosiego, quizás un fin de semana, para descansar de los ruidos de la vida urbana y dejar que los campos de viñas y la penumbra de las cavas cobren relieve.

Turismo rural, en fin, de cepa a cepa, que, en la mayoría de los casos, conduce al viajero a establecimientos con pocas plazas y atención exquisita. Como el hotel de las bodegas de Herederos del Marqués de Riscal, en El Ciego (Álava, España), uno de los templos inexcusables del “enoturismo”, diseñado por el arquitecto Frank Ghery, creador del museo Guggenheim de Bilbao (España).

Otros enclaves con hotel idóneos para familiarizar al aficionado al zumo de la vid con el mundo de las bodegas son las marcas chilenas Santa Rita, Casa Silva, Santa Cruz y Viu Manent, todas ellas situadas en el Valle de Colchagua.

La hermosa casona decimonónica de Santa Rita fue rehabilitada como hotel en 1996 y está decorada con retratos, tapices y lámpara de lágrimas. Es parada obligada para toda la fracción de fieles a Baco. El hotel cuenta con una sala de reuniones y de juegos y un jardín inmenso que es remanso de paz y sosiego.

Destaca también Casa Silva, la bodega más antigua del Valle de Colchagua, que ofrece a sus huéspedes la mayor atención en el hotel y restaurante y la posibilidad de disfrutar de una demostración de rodeo chileno y de polo.

O la bodega Santa Cruz, que oferta una serie de actividades magníficas, como el recorrido en teleférico desde la bodega o la visita a una aldea indígena y a un centro astronómico de seis telescopios.

Otra bodega con encanto y hotel, esta vez situada en suelo californiano, es Landmark. Descendientes de John Deere, aquel revolucionario de la agricultura estadounidense en el siglo XIX, la familia propietaria de la bodega se ha volcado en el cuido y mimo de unos caldos que hoy se degustan en los principales restaurantes estadounidenses.

Por su parte, la bodega DeLoach, localizada en Russian River Valley (California), ha hecho suya la voz mantra “om” para degustar con los sentido bien despiertos los caldos dignos de un ¡qué rico!. En sus instalaciones, la casa DeLoach ofrece cursos de yoga durante todo el año dirigidos por uno de los mejores instructores de la región.

Entre las seductoras ofertas, DeLoach ofrece clases de cocina vegetariana con ingredientes orgánicos recogidos de su propio huerto y, claro es, una cata de sus impresionantes pinot noir, chardonnay y zinfandel.

Emilio J. López se especializa en temas de gas tr onomía.


Bodegas con hotel

 

Marqués de Riscal (España)

Denominación de origen: Rioja Alavesa.

Hotel: Diseñado por Frank Gehry, creador del Guggenheim de Bilbao (España). Dispone de 43 habitaciones.

Datos de interés: Es la sensación en cuestiones de “enoturismo”. Al vanguardista diseño del hotel se le añade una biblioteca para fieles devotos de la enología y un lujoso spa que ofrece relajantes tratamientos de vinoterapia.

www.marquesderiscal.com

Arzuaga-Navarro (España)

Denominación de origen: Ribera del Duero.

Hotel: Arzuaga, Carretera N-122, Quintanilla de Onésimo (Valladolid). Cinco estrellas. Dispone de 43 habitaciones.

Datos de interés: Habitaciones del hotel con vistas al viñedo y dotadas de bañeras de hidromasaje. Baco no recibiría major bienvenida: el hotel agasaja a los clientes con una botella de vino y una cesta de frutas a su llegada.

www.arzuaganavarro.com

Santa Rita (Chile)

Hotel: Casa Real, Santa Cruz de Chile, Alto Jahuel. Dispone de 16 acogedoras habitaciones y un restaurante, Doña Paula, que es Monumento Nacional.

Datos de interés: Un parque de 40 hectáreas y centenaries árboles diseñado en 1882 por el paisajista francés Gustave Renner enmarca al preciso hotel de estilo pompeyano, Antigua casa patronal del fundador de la viña, Domingo Fernández Concha. Soledades henchidas de luz y bugambillas en este inmenso y hermoso jardín. Ofrece visita a bodega y viñedos y cata y un museo arqueológico andino con 1.800 piezas precolombinas.

www.santarita.cl

Landmark (EE.UU.)

Hotel: Dos preciosas y cómodas casas de campo con jardín y vistas al viñedo. Una de ellas, la denominada Suite, dispone de patio privado y chimenea. Se encuentran situadas en el condado de Sonoma.

Datos de interés: El edificio que alberga la bodega refleja el estilo arquitectónico de una misión española y está localizado, junto con el hotel, en las estribaciones de Sugarloaf Ridge, en las montañas Mayacamas. Vistas panorámicas preciosas de las montañas, el viñedo y los jardines, diseñados por Morgan Wheelock. Ofrece visitas al viñedo y cata de vinos, además de agasajar a sus huéspedes con una botella de su famoso monovarietal Overlook Chardonnay.

www.landmarkwine.com



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