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GUATEMALA INÉDITA
Escrito por Guillermo de la Corte

Ciudades mayas y coloniales, volcanes, selva tropical, playas de arena blanca y negra, lagos y mares, configuran un país exótico lleno de contrastes y de sorpresas. Con el cese de la guerra civil gracias a la firma de la paz con las guerrillas hace una década, el país se ha estabilizado y ha vuelto a sus raíces. La paz ha traído consigo la estabilidad y el progreso. Guatemala mira al futuro con decisión y confianza.

Antes de salir de viaje para visitar un país, siempre hago una investigación previa y me informo de lugares y actividades de interés. Invariablemente siempre la realidad supera lo escrito, especialmente en los países latinos. Y es que a la letra, le falta el alma, que se la da la gente que vive y convive en cada lugar. No hay nada como sentir la pasión y el orgullo de un local que te sugiere ir a un lugar, dándote toda clase de explicaciones de qué hacer y cómo llegar. Y tampoco falta el ofrecimiento de querer acompañarte para asegurarse de que llegas bien y no te pierdes. Guatemala y los guatemaltecos no podían ser una excepción. Desde que pusimos los pies en el aeropuerto de La Aurora en la ciudad de Guatemala, nos recibieron con los brazos abiertos.

> Antigua
Asentada en 1543, recibió el título de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, siendo la tercera ciudad en importancia del dominio español después de la Ciudad de México y Lima en Perú. Una serie de terremotos, conocidos como los Terremotos de Santa Marta, culminando con el más fuerte en 1773, destruyeron la ciudad. En lugar de reconstruirla se decidió levantar una ciudad nueva en un lugar más propicio, y trasladar allí todo el aparato político y económico. Se eligió el Valle de la Ermita, a unos 45 km., dando paso así al nacimiento de la actual ciudad de Guatemala de la Asunción, capital de país. Unos la llaman La Antigua, otros simplemente Antigua, pero el nombre oficial es La Antigua Guatemala. En 1979 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Asentada en un valle rodeado por los volcanes Agua, Fuego (activo) y Acatenango, La Antigua es una bella ciudad colonial como la que más, A lo largo de los años la ciudad se ha ido reconstruyendo, conservando intacto su carácter tal como cuando nació. Es como volver en el túnel del tiempo varios siglos atrás. No hay ninguna calle asfaltada, todas son de pequeñas piedras de río, que si bien se ven bonitas, es muy cansado caminar por ellas. Algunos conventos e iglesias monumentales continúan en ruinas, tan destruidos, que es imposible devolverles la vida.

La Antigua es una visita obligada de cualquier visitante a Guatemala, pero mi consejo es ir en días laborables, porque durante el fin de semana, es el escape de los capitalinos que la invaden. Algunas calles se convierten en peatonales para poder mover el flujo de gente, y las restantes manejan el tráfico rodado como pueden. Y no es de extrañar porque todo es tan acogedor y con tanto encanto, que seduce a propios y extraños. Esos pequeños restaurantes, cafés y hotelitos, absorben y miman al visitante. Es interesante destacar que ninguna de las grandes cadenas hoteleras tiene presencia en la ciudad. Y a título de este orgullo hay que mencionar el hotel/museo Casa Santo Domingo, perteneciente a una familia guatemalteca, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio dominico, que es francamente espectacular. En los medios especializados está considerado como uno de los mejores en la América Latina. No hay que dejar de verlo, o mejor, pasar al menos una noche allí.

La Plaza Central es el centro neurálgico de la ciudad, en la que se encuentran la Catedral, el Palacio de los Capitanes Generales, el Palacio del Ayuntamiento, el Portal del Comercio y Portal de las Panaderas, y en el centro, la Fuente de las Sirenas. Otros sitios importantes a visitar son el Arco de Santa Catalina, la bellísima Iglesia de la Merced, de estilo churrigueresco de color amarrillo con adornos blancos, la iglesia de San Francisco el Grande, y así hasta un total de 30 iglesias, 18 conventos y monasterios, 15 ermitas, 10 capillas y la Universidad de San Carlos.

El acontecimiento cumbre de la ciudad es la celebración de la Semana Santa, donde las calles se cubren de flores o de aserrín de colores, formando interminables alfombras por las que pasan las solemnes procesiones con imagines de Cristo, llevadas por penitentes acompañados de soldados vestidos a la usanza romana, en una ambiente místico y sobrecogedor.

> Tikal
Si fuese de viaje a Egipto la gente me preguntaría al volver “¿viste las pirámides?” De Guatemala la pregunta sería “¿viste Tikal?” Así de importante es. El Parque Nacional de Tikal, con una extensión de 576 km2, es parte de la selva tropical que en general domina en el departamento de El Petén, al norte del país en el interior de la península de Yucatán, lindando con México y Belice. Las ruinas de la antigua ciudad maya de Tikal se aparecen majestuosa en medio de la selva. Se estima que la ciudad se estableció entre 900 a 700 años (a.C.) alcanzando su apogeo entre los años 300 y 950 (d.C.), llegando a tener más de 100.000 habitantes, para posteriormente alcanzar un declive y ser abandonada definitivamente a principios del siglo X.

La primera subida es al Templo IV, el más alto de todos (72 m) y de cuya cúspide solo se ve un manto verde, todo lo que da la vista, como queriéndola esconder de los intrusos, tan solo interrumpida por las tímidas crestas de los Templos I, II y III en la lejanía. El otro punto importante es la Gran Plaza, corazón de la ciudad, dominados por el Templo I y II. El primero, el más alto de los dos (42 m) también llamado el Templo del Gran Jaguar, es un icono representativo de Guatemala. Con regularidad se siguen celebrando ritos mayas y existe una gran expectación respecto a lo que va a pasar el 21 de diciembre de 2012, que según el calendario maya es el fin de los tiempos. El sitio está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Cerca de Tikal hay otras ciudades mayas y decidí visitar Yaxhá, que tuvo un papel importante durante el Período Clásico (300-950 d.C.). No es tan impresionante como Tikal, pero merece la pena visitarse. Lo más importante es que en todo el lugar solamente estábamos el guía y yo. Nadie más. Ni un turista. El paseo fue tranquilizador, inspirador y hasta daba escalofríos pensar que hace cientos de años, esos lugares estarían llenos de gente y de vida. Se oían a los monos aulladores o “zaraguates” con sus estridentes gritos que impresionaban. La estructura más alta es la 216 de donde se puede ver una panorámica bellísima de la selva con un lago al fondo. Caía la tarde, y el tono rojizo del sol acentuaba la belleza del paisaje.

Ya me merecía un buen descanso y el hotel Camino Real Tikal me estaba esperando. Situado al borde del lago Petén Itzá, es un auténtico oasis, para reponer fuerzas y tranquilizar el espíritu. El amanecer fue espectacular, combinando las luces del nuevo día con el azul del agua tranquila.

> Tarzán moderno
Para hacer algo diferente, me dirigí al parque natural Ixpanpajul, a pocos kilómetros del hotel. Estaba dispuesto a hacer canopy o lo que es lo mismo, saltar de la copa de un árbol a otro, pero en vez de liana como Tarzán, deslizándome por un cable entre ellos. No tenía a Chita conmigo, pero sí me acompañaron los gritos de los monos aulladores. La experiencia fue divertida y un poco arriesgada pues no sabe uno lo que puede saltar entre los árboles a tu paso. El parque ofrecía muchas otras posibilidades, como paseos a caballo, observatorio de aves, bicicleta de montaña y atravesar vacíos en puentes colgantes. Decidí probar esta última, y la verdad es que impone verse en medio de esos puentes tan frágiles, que se mueven y bambolean… y sin paracaídas.

Antes de tomar el avión de vuelta a Guatemala, hice una parada en la isla de Flores, una pintoresca ciudad en el lago Petén Itzá, conectada a la ribera por un puente.

> Guatemala
Como capital del país, la ciudad de Guatemala es el centro político y económico que mueve las riendas de la nación. Conserva en parte su esencia maya y herencia colonial, pero al vida moderna va tomando terreno y acaparando la escena.

La ciudad está divida en zonas y puede decirse que en general cada una tiene su carácter. En la Zona 1 se encuentra el Centro Histórico, donde la enorme Plaza de la Constitución es la principal atracción. En ella se encuentra el Palacio Nacional de la Cultura, la Catedral Metropolitana y el Portal del Comercio, todos ellos de estilo renacentista, un cambio brusco en relación con la arquitectura barroca de La Antigua. Este último es un edificio largo con soportales y pasajes donde se alojan multitud de tiendas. En el Pasaje Rubio está el Restaurante El Portal que data de los años treinta y que nunca cambió de dueño. Es un restaurante/bar bohemio, oscuro y con aire intrigante. Por él han pasado de presidentes a guerrilleros y sus paredes han sido testigo de conspiraciones y preparación de golpes de estado. Una empleada, Doña Lupe, empezó a trabajar allí a los quince años y todavía continúa con su labor diaria.

Hemos podido comprobar el empeño y esfuerzos que la municipalidad está realizando para rescatar y restaurar el Centro Histórico, removiendo cualquier cartel o anuncio en las calles, exhortando y apoyando a los vecinos con materiales para que pinten o limpien las fachadas de sus casas, y que alegren las ventanas y balcones con flores.

Como contraste, al sur de la Zona 1 se encuentra el Centro Cívico que incluye un grupo de edificios modernos, como el Palacio Municipal, la Corte Suprema de Justicia y el Banco de Guatemala, y un poco más abajo, ya en Zona 4 el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT). Y hablando de modernismo, en una prominente colina dominando el paisaje con aire de grandeza se encuentra el espacial diseño del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.

En la Zona 4, gracias a la iniciativa privada, se están reconvirtiendo y restaurando antiguos edificios usados como almacenes para crear un área peatonal llena de acogedores restaurantes y cafés que por la noche se convierten en bares.

La Zona 10, atravesada por la Avenida de la Reforma, un bulevar al estilo de francés, ancho, con dos vías de circulación y árboles a los lados y en el centro, presenta otra Guatemala distinta. Esta es la zona del mundo de los negocios, de edificios contemporáneos, con hoteles, bancos, embajadas, compañías comerciales y mercantiles y apartamentos. Dentro de esta zona, existe otra subzona llamada Zona Viva, y no hay que ser un científico para adivinar, que en esa área es donde se cuece todo. Las principales cadenas hoteleras están allí, las tiendas más chic y toda clase de restaurantes, bares y discotecas. Los fines de semana no hay quien dé un paso. Hablando de restaurantes, me recomendaron ir a Kacao, que aparte de un sitio sumamente agradable, tiene una comida típica guatemalteca exquisita.

Tuvimos la oportunidad de tener una entrevista con el alcalde, Don Álvaro Arzú Irigoyen, que nos explicó los ambiciosos planes de la municipalidad en cuanto a de transporte público - ya en progreso -, revitalización de jardines y Centro Histórico y adhesión de zonas verdes. La ciudad se mueve hacia delante.

> Lago Atitlán
Al sur de la capital, casi a tres horas por carretera, se encuentra este lago de belleza indescriptible. Tres volcanes de telón de fondo, con un agua azul oscuro, contrastando con el azul claro del cielo, componen una estampa que solo el Creador podría pintar. Y al amanecer o atardecer, la paleta de colores cambia, imprimiendo cálidos tonos y reflejos.

Al colorido natural se une el de sus gentes, pues todos los pueblecitos alrededor del lago están prácticamente poblados por indígenas de descendencia maya, que aportan ese tipismo multicolor en sus ropas, textiles y todo lo que fabrican. Antes de llegar a Panajachel, principal pueblo a la orilla del lago, pasamos por Solalá, justo un sábado en pleno día de mercado al aire libre. Fue muy interesante el pasear entre hileras de puestos y ver lo que los indígenas ofrecían, algunas de ellas totalmente desconocidas para nosotros. Comida fresca, frutas, verduras, especias, telas, artesanía, zapatillas…bueno, de todo. ¡Ah! Y eso sí. Hay que saber regatear, pues ellos saben muy bien lo que quieren.

> Despedida
En una semana de visita, solamente pudimos tocar la superficie de lo que el país puede ofrecer. Turismo cultural, que va desde el contacto con el fascinante mundo maya y colonial hasta conocer los misterios del famoso café guatemalteco. El turismo de aventura y ecológico en contacto con la naturaleza hasta el deporte rey, la pesca del pez vela en la costa del Pacífico, donde se rompen todos los récords de captura.

Cuando tuve que partir, no dije adiós, sino simplemente “hasta pronto”.

  
Junio-Julio 2008
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