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24 Horas >> Escrito por Gonzo Sánchez El viejo Madrid de plaza en plaza
Nada hay más imponente que pasearse por el viejo Madrid y recuperar sus leyendas y las historias más enigmáticas del pasado madrileño.
La mejor manera de aprovechar el día es el programa “Descubre Madrid” que nos permite repasar las tradiciones que los madrileños han heredado de sus antepasados y conocer las principales leyendas que rodean la ciudad y que, con el paso del tiempo se han convertido en mitos urbanos.
La Plaza Mayor La Plaza Mayor fue testigo del comienzo de muchas de estas historias. Una de ellas tuvo como protagonista al conde de Villamediana, que en el siglo XVII disfrutó de una posición destacada, a pesar de ser un personaje polémico por sus críticas contra nobles y plebeyos. Quizá por esta razón se dio crédito al rumor que apuntaba a que el conde de Villamediana estaba enamorado de la mismísima reina Isabel de Borbón. El Conde, como en toda buena leyenda, apareció un día asesinado.
Plaza de Puerta Cerrada Los madrileños encontraron en la Plaza de Puerta Cerrada el lugar perfecto para ambientar muchas de sus leyendas. Era la zona en donde se hacían las rondas de vigilancia cuando existía la muralla cristiana, y una de sus puertas, que debió ser clausurada porque en ella se refugiaban delincuentes para perpetrar sus asaltos, es la que dio nombre a la plaza.
Plaza de la Paja Al llegar a la Plaza de la Paja, se recuerda al visitante que en el pasado, la que hoy conocemos como Plaza Mayor era en realidad una plazuela en los arrabales de la ciudad, mientras que la primera era el verdadero núcleo de Madrid. En ella, los capellanes subastaban el grano obtenido de las cosechas para pagar su manutención, por esa razón, se conoce desde entonces como la Plaza de la Paja. Desde la misma plaza se divisa la torre mudéjar de la iglesia de San Pedro ‘El Viejo’, datada en el siglo XIV. Además de su interés religioso y artístico, esta iglesia es conocida porque dicen que la primera campana que colgó de su torre se colocó sola. La leyenda asegura que cuando los hombres cargaban con ella para subirla a lo alto, la campana se quedó atascada. Incapaces de moverla, los hombres decidieron descansar, pero cuando volvieron al día siguiente, su sorpresa fue mayúscula al comprobar que la campana ya se encontraba colocada.
Plaza de Alamillo La ruta se adentra en el barrio de la Morería para detenerse en la Plaza del Alamillo, en donde se cree que tuvo su sede el Tribunal Árabe de la Morería, cuando Madrid era Mayrit, la ciudad árabe fundada en el siglo IX. A pesar de sus orígenes, no está claro si el nombre de esta plaza proviene del árabe alamud (tribunal), o bien responde simplemente a la especie de los árboles que en ella se plantaron. Este barrio formó parte de la medina madrileña y por tanto acogió a un gran número de musulmanes que debieron refugiarse en él cuando comenzó la Reconquista. Una vez que el rey Alfonso VI consiguió entrar en la ciudad y controlarla, ordenó a jóvenes cristianos ocupar el barrio para ‘repoblarlo’.
Plaza de la Villa El recorrido por las viejas historias de la ciudad termina a las espaldas de la Plaza de la Villa, en la calle Madrid. Es el momento de escuchar algunas de las leyendas madrileñas más tenebrosas, sembradas de misterios y muertes, con los fantasmas como protagonistas. Por ejemplo, la del alma del marqués de Cañete en el antiguo Palacio de Cañete, ahora edificio que ocupa el Patronato de Turismo. Cuentan que el espíritu del marqués asesinado se paseó por los pasillos de su mansión, lamentándose, hasta que se descubrió al verdadero autor de su muerte.
Lo cierto es que cada calle del viejo Madrid, es una fuente de inspiración.
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Excursión Vacaciones extremas
Si
busca unas vacaciones diferentes y tiene el corazón a prueba de
sobresaltos, no lo dude, las nuevas ofertas de “vacaciones extremas” le
llevarán a experimentar lo que siempre pensó imposible. Átese el
cinturón y tírese al vacío.
Experiencias
que antes estaban relegadas a una minoría con ganas de riesgo, atraen
ahora a un público cada vez más variado, quizás porque la televisión ha
popularizado esos “reality shows” en los que los concursantes hacen de
todo y el televidente lo ve ahora como una posibilidad a su alcance.
Como Tom Cruise No solamente el privilegiado Tom Cruise puede volar un avión de combate en su famosa película Top Gun.
Usted ya puede co-pilotar un L-39 sobre los cielos de Hollywood
(California) y además, volverse a casa con toda su aventura filmada
para dar envidia a los amigos, siempre y cuando el material rodado no
incluya alguna escena de usted un tanto mareado después de volar a 750
kilómetros por hora, caer en picado y remontar como una cohete la
altura perdida.
La compañía especializada en este tipo de
aventuras es Incredible Aventures, de la Florida y además de
convertirle en un “Top Gun” le ofrece multitud de aventuras, todas
ellas con poco contacto de sus pies con algo sólido donde apoyarse:
volar en un MiG-29 o un MiG-31 Foxhound sobre Moscú o casi fuera de la
atmósfera, tirarse en paracaídas en el Everest, varias experiencias
entrenándose como astronauta sin gravedad y, por supuesto, nadar con
tiburones. Hasta puede elegir las aguas en las que nadan los tiburones
Bahamas, Isla Guadalupe, Ciudad del Cabo…¿Dónde serán más peligrosos?
Sin apoyo y a oscuras El
siguiente aliciente para subir nuestros niveles de adrenalina hasta el
cielo es la obscuridad. Ya no volamos en un avión de combate como Tom
Cruise sino que flotamos a gran velocidad sobre aguas oscuras y veloces
como en cualquier película de terror. ¿Dónde? En las cuevas de Nueva
Zelanda. También podemos descender hasta abismos impensables, negros
como la boca de un lobo y tronantes como un ogro donde las furiosas
aguas de sus cataratas subterráneas nos ensordecerán. Por todo consuelo
nos queda que a veces durante el recorrido, podemos percibir algunas
lucecillas de esperanza pero no hay que levantar mucho los ánimos: no
es la esperada salida sino cientos de gusanos de luz que viven estas
cuevas de Nueva Zelanda.
Otros saltos al vacío Ciertos
cuerpos especiales de paracaidistas practican un salto conocido como
Halo, que consiste en saltar desde una altura hasta dos veces superior
a lo que sería un salto normal y, además, abrir el paracaídas lo más
cerca del suelo posible sin descalabrarse. Evidentemente, el cliente
irá amarrado a uno de estos profesionales con sangre fría,
especialmente a estas alturas en las que la temperatura será de muchos
grados bajo cero. Y, claro, a esta altitud también el oxígeno escasea,
así que además de abrigarse habrá que equiparse con una máscara de
oxígeno para no desmayarse, porque no nos vamos a desaprovechar tamaña
experiencia por un detalle tan insignificante como perder el
conocimiento por falta de aire.
El frío y la velocidad No
podemos olvidarnos de que la nieve y el hielo ofrecen condiciones
extremas donde probar nuestra valía. Nada mejor que Islandia donde
podemos deslizarnos velozmente en snowmobiles sobre glaciares y entre dos placas tectónicas.
Escrito por Javier Solano
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