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Tradiciones >> Escrito por Luis Garrido
El sombrero de Panamá

Los famosos sombreros de paja de Panamá (Panama hat) han sido por décadas un elemento importante en el vestuario del hombre para protegerse del tórrido sol. Son flexibles, frescos y prácticos. Se han usado tanto como parte de uniforme de trabajo como de accesorio de moda, símbolo de elegancia y distinción. Hoy en día, con el declive del uso masivo del sombrero, apenas mantiene su existencia, amenazado además con la barata imitación china.

Hacía tiempo que quería tener uno de esos sombreros de paja de Panamá, que había oído que eran los mejores y que además se podían enrollar para que no cupiese mucho espacio en la maleta a la hora de viajar. Decidí encargarle uno a un amigo mío que iba para ese país.

Efectivamente me entregó el sombrero enrollado en una cajita de madera. Cuando la abrí y desplegué el sombrero, este parcialmente recuperó su forma. Al cabo de una hora de dejarlo descansar, las alas todavía se mantenían onduladas y el sombrero no se recuperaba del todo. Inspeccionándolo más detenidamente vi en la banda interior que decía: “Auténtico sombrero de Panamá. Montecristi. Calidad de exportación. Hecho en Ecuador”.

Quizás mi deseo era más fuerte que la realidad, al querer tener un sombrero que lo pones en la maleta o en la mochila, lo despliegas como si fuese un resorte y ya está listo. El sombrero de paja toquilla (nombre de la palma de que procede) de Panamá o panamá no es exactamente así. Después aprendí que estos sombreros son una delicada pieza de artesanía y que no todos los panamás se pueden enrollar, y los que se pueden, recuperan su forma original, pero a través de un proceso. Se requiere de un poco de paciencia, al tener que moldear el sombrero, con agua pulverizada y un secador de pelo e incluso alisar las alas con una plancha de vapor sobre una tela.

Indiscutiblemente, los sombreros provienen de Ecuador, unos de la provincia de Manabi, en la costa del Pacífico, donde la ciudad de Montecristi es famosa por producir los sombreros más finos, y otros de la provincia de Azuay, en la sierra, donde su capital Cuenca, se ha convertido en un gran centro de producción y comercialización de estos sombreros. Al ojo inexperto, como el mío, todos parecen igual de bonitos, pero adentrándose en su estudio, hay diferencias entre los producidos en uno u otro lugar, desde la paja empleada, hasta la forma de tejerlo, procesarlo y acabarlo, y por supuesto, el precio.

La gran incógnita es por qué se llaman sombreros de Panamá, sin no son de allí. No hay ninguna razón científica, sino más bien un nombre popular, de un sombrero popular, que alcanzó su apogeo en el siglo XIX y principios del XX. El istmo de Panamá era entonces una zona afluyente de paso de mercancías y de gente entre América Central y Sudamérica y entre el Pacífico y Atlántico, y por tanto un importante punto de comercialización de cualquier producto, incluido los sombreros.

Cuando la fiebre del oro en California (1848) muchos latinoamericanos se lanzaron a la aventura pasando por Panamá para, por vía marítima, llegar a esas tierras prometedoras, llevándose consigo ese práctico sombrero de paja. Durante la construcción del canal, bien por parte francesa al principio y norteamericana al final, el sombrero de paja fue parte del vestuario de los trabajadores para la protección solar. Quizás para los norteamericanos el decir “sombrero de paja toquilla” era un poco de trabalenguas y decir Panama hat era más fácil.

Sin embargo en un corta historia publicada el 7 de enero de 1832 en The Philadelphia Album and Ladies’ Literacy Portfolio se refiere a cierto personaje llevando “un enorme ‘Panama hat’ ”. Así que es posible que la gente lo conociera por ese nombre antes de la fiebre del oro o de la construcción del canal, simplemente porque lo compraban allí. El cenit de la popularidad llegó cuando el presidente norteamericano Theodore Roosevelt, en una visita durante la construcción del canal, llevaba un elegante panamá Montecristi, cuyas fotos salieron en la prensa mundial. Otros políticos como Harry Truman, Winston Churchill y Nikita Khurshchev usaban este tipo de sombrero, así como actores de la talla de Humphrey Bogart y Gary Cooper. Al carismático presidente John F. Kennedy no le gustaba llevar sombrero y a partir de entonces es cuando dejó de ser un accesorio de moda para el hombre e inició su declive.

  
Exposiciones
Star Trek, la saga continua

Los expertos en televisión hablan del “fenómeno” Star Trek. Aquellos que saben más de la conexión que esta saga televisiva mantiene con su público desde hace más de cuatro décadas la definen como “otro tipo de religión”.

Así lo afirma Chris Carter, creador de Expediente X, experto precisamente en crear series que crean seguidores incondicionales. “Gene Roddenberry supo cómo conectar a sus personajes con el público”, asegura en referencia al creador de la más popular y amada franquicia de todos los tiempos. Fenómeno o religión, todo empezó en 1966 con la emisión del primer episodio de una serie que nació como si fueran las aventuras del capitán Horatio Hornblower pero en el espacio y que prometió llevar a los espectadores “donde el hombre nunca estuvo antes”. Tras 42 años, 726 episodios de televisión de seis series, incluida la original, y diez largometrajes capaces de recaudar en total más de mil millones de dólares en la taquilla mundial. la promesa sigue vigente. Este año más que nunca.

Otro devoto de la pequeña pantalla y autor de éxitos del nuevo milenio como Alias y Lost, J.J.Abrams, está volcado en devolver el brillo a una saga destinada a la inmortalidad con el rodaje de la undécima entrega cinematográfica de Star Trek. “Crecí enamorado de la serie”, confesó el director a los aficionados. “Y no seré yo quien diga que no habrá otra”, añadió en referencia a uno de los rodajes más secretos de Hollywood.

Se sabe que con un presupuesto de 115 millones de dólares se centra en las primeras escapadas del Capitán Kirk y Spock, héroes del espacio que en la serie original inmortalizaron William Shatner y Leonard Nimoy y que en esta versión interpretarán Chris Pine y Zachary Quinto, más conocido como Sylar, el malvado de Héroes. Eric Bana, Winona Ryder y Zoe Saldana completan un reparto del que Nimoy también forma parte aunque Abrams ha dejado a Shatner fuera.

No sin falta de celos, el que fue el capitán de la nave USS Enterprise aseguró a la prensa el error de un filme al que en cualquier caso desea lo mejor. “¿Cómo te olvidas de incluir a uno de los fundadores de una saga que estás resucitando?”, afirmó Shatner ahora también conocido por su trabajo en la serie Boston Legal. Incluso entre estas críticas la expectativa es general por un estreno que tras estar previsto para Navidades de 2008 se hará esperar ahora hasta el 2009.

Pero la saga galáctica tiene soluciones para “teletransportar” a sus seguidores sin necesidad de esperar al estreno. Mientras llega la nueva entrega de Star Trek el mercado dedicado a su mitología sigue en aumento, algo que puede parecer increíble después de los 5.000 millones de dólares generados en productos relacionados con esta franquicia que es la número uno en ventas en DVD en el campo de la ciencia ficción y que también ha generado más de 60 programas interactivos de ordenador y otras 650 publicaciones impresas en 12 idiomas a lo largo de su historia.

Y para los que necesiten no sólo ver sino tocar, jugar o vivir estas aventuras está la exposición itinerante Star Trek The Tour (www.startrek.com). “Se trata de la exposición más amplia dedicada al universo Star Trek donde conviven del orden de 800 objetos de las series y los filmes junto a varias experiencias interactivas donde es posible ocupar el asiento del capitán Kirk en el puente de mando de la nave Enterprise o pasear por la zona de recreo del capitán Picard en el Enterprise NCC-1701-D”, explica Bob Dahl, productor de una exposición que comenzó en Long Beach (California) y que durante los próximos 5 años llevará sus tesoros por un total de 40 ciudades en Norteamérica, entre ellas San Francisco, Minneapolis/ St. Paul, Chicago y Detroit además de varias localidades en el este de Canadá.

Una exposición que como dice Dahl busca no sólo la diversión de los “trekkies” sino su participación, aceptando las sugerencias o correcciones de los aficionados si estas son necesarias. “También hemos guardado un espacio para incluir elementos de la nueva película llegado su estreno”, agrega Dahl. Como asegura Shatner, portavoz de la exposición, la mejor palabra para describir el fenómeno Star Trek a lo largo de los años es “fidelidad”. “Me suelo preguntar cuál es el misterio detrás de su vigencia”, explicó el actor al inaugurar la exposición en Long Beach. Sin encontrar “la respuesta adecuada” Shatner está seguro de una cosa: además de la suerte, la filosofía o la humanidad de esta serie lo que está claro es que “Star Trek seguirá estimulando la imaginación y la fantasía de futuras generaciones”.

¿Ciencia?
Ciencia: El impacto cultural de Star Trek es innegable. Más allá de que expresiones como “beam me up”, “live long and prosper” o “where no man has gone before” son parte del lenguaje en EEUU (esta última frase utilizada por la Casa Blanca en su programa espacial), el futurismo de la serie ha encontrado un hueco en la tecnología actual. Los ejemplos son numerosos; los teléfonos móviles, los PDI, las tabletas PC o incluso los MRI fueron utilizados en la ficción de Star Trek décadas antes de que su verdadero uso estuviera disponible al público. De ahí que la NASA aceptó en 1976 bautizar al prototipo del “shuttle” espacial como la nave Enterprise en respuesta a una petición popular. Y las cenizas de Roddenberry, fallecido en 1991, vagan por el espacio donde encontraron su última morada.

¿Ficción?
Los “trekkies” como se llaman los aficionados a ultranza de Star Trek (o “trekkers” como prefieren otros del mismo colectivo) son una realidad. Lo mismo que los “niners” como se definen los seguidores de Deep Space Nine. Pero por el momento nadie ha visto fuera de la pantalla un vulcano, un klingon o un borg, algunas de las especies más comunes en la serie que conviven o luchan con los humanos. Además hay otros “monstruos” espaciales como el “vampiro salado”, del episodio La trampa humana. criatura parecida a un muñeco troll que necesita sal para vivir; el capitán Gorn del capítulo Arena, una especie de lagartija gigante; los “parásitos neuronales” más parecidos a un “frisbee” a medio digerir del episodio Operación: Aniquilación y por supuesto los famosos “Tribbles” de El problema de los Tribbles, el primer episodio con humor de esta serie fantástica donde el capitán Kirk era atacado por saquitos de piel sintética rellenos de goma espuma.

Rocío Ayuso es corresponsal de Nexos en L. A., California.

  
Agosto-Septiembre 2008
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