Las Tandas
Lulú lleva un registro mental muy puntual de la historia crediticia, de la estabilidad en el empleo y de la capacidad de pago de sus aliados. Es un verdadero buró ambulante. Sin contratos, ni prendas en garantía, el único seguro es la honorabilidad de las partes contratantes y su prestigio dentro de la colectividad.
Lulú llega más temprano que de costumbre a trabajar y con libreta en mano recorre el pasillo y cubículos. Es día de quincena y necesita “ir apuntando los abonos”. Hoy es día de tanda.
Desde hace casi 12 años es la que organiza las tandas, ese sistema de ahorros tan mexicano, en la oficina. Por su honradez a toda prueba, se ha ganado el respeto y consideración de todos. Maneja varias listas de ahorradores y por su ya larga experiencia puede ofrecer a cada cliente un “esquema financiero a la medida”. Tiene tandas desde 100 pesos a la quincena, para los muchachos del almacén, pero también otros, como la que organizó con los del departamento de contabilidad, que son de hasta 2 mil pesos cada 15 días.
No fue fácil, pero goza de la confi anza de sus compañeros y hasta de los jefes que, sin autorizar sus actividades abiertamente, se hacen un poco de la vista gorda. Con discreción, colecta el dinero, y a una mano, en un solo movimiento que envidiaría cualquier prestidigitador, lo aprisiona celosamente contra la parte elástica de su ropa interior, “muy cerca del corazón”.
Lulú se ha convertido en una suerte de ejecutiva de cuenta, promotora del ahorro y hasta asesora en inversiones. Nadie mejor que ella sabe la vida y obra de cada uno de sus socios y cuándo les aprieta el zapato por falta de liquidez.
No hay impuestos, ni comisiones que pagar y, después de todo, a ella le corresponderá enfrentar cualquier evasión o incumplimiento y la ardua y muchas veces ingrata tarea de cobrar.
No falta las que se les esconden en el baño de los hombres, las que se reportan enfermas para no pagar, las que han llegado a declararse en suspensión de pagos, y lo que es peor, los que corren sin previo aviso. Por eso Lulú lleva un registro mental muy puntual de la historia crediticia, de la estabilidad en el empleo y de la capacidad de pago de sus afiliados. Después de tantos años, los siente como de la familia, de esa familia que se quedó allá muy lejos, pero por la cual el cariño nunca cambia.
Carlos García de Alba Z es Director General de Relaciones Internacionales de la Secretaría de Educación Pública. Escríbale: caregalbaz@yahoo.com.
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