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Excursión >> Escrito por Mario Ramírez

Xilitla, tierra viva

El jardín escultórico de Edward James es uno de las más fascinantes biografías plasmadas en cemento. La exuberante naturaleza de la Sierra Madre Oriental en la Huasteca Potosina en México, es el escondrijo del fantástico parque que en su día fue el extravagante derroche de creatividad del excéntrico y muy adinerado caballero inglés.

Las Pozas
Sobre la ladera de una loma tapizada de vegetación tropical cae una cascada de más de setenta metros de altura hasta el terreno bajo formando varias pozas donde se puede refrescar y relajarse entre tan exuberante escenario. Anidadas entre las pozas y a lo largo de cuarenta hectáreas se encuentran treinta y seis esculturas surrealistas, edificaciones extrañas y escaleras sin rumbo que salen de entre las ramas, lianas y yedras que se extienden por todos lados.

Cada escultura parece más espectacular que la próxima y brinda su propio toque mágico. Fuentes en forma de ojo humano, orquídeas de cemento blanco, delicadas columnas en forma de bambú, enormes pilares en forma de pata de elefante, arcos y torres que en conjunto dan un sentido de bosque encantado a este lugar sin par.

Edward James
El “inglés loco”, como mucha gente de Xilitla le llamaba, fue un mecenas del surrealismo y gran amigo de Salvador Dalí y René Magritte. Al heredar las grandes fortunas de su padre y tío, Edward James pudo vivir holgadamente y convertirse en patrono de varios artistas vanguardistas del siglo XX como Aldous Huxley, Pablo Picasso, Leonora Carrington y Remedios Varo.

Entre los años de 1945 y 1949, James viajó a Xilitla y se enamoró profundamente de la selva huasteca. Adquirió el predio de Las Pozas donde estableció un orquídeario, un pequeño zoológico y el jardín escultural. Hoy, de eso solo quedan las fantásticas esculturas. El zoológico dejó de existir y en una extrema y muy inesperada nevada murieron todas sus orquídeas. La mañana después de la extraña caída de nieve en ese lugar tropical llegó el inglés y encontró a sus amadas flores cubiertas de nieves blancas, cada flor congelada como si fuera de cristal. Su tristeza y dolor fueron tan grandes que nunca más volvió a cultivar las exóticas plantas. Mejor hizo enormes esculturas de cemento blanco que conmemoraran la trágica pérdida.

De igual manera se ven plasmados varios momentos dolorosos de la vida del mecenas en una tras otra escultura como la de los tres pilares de pata de elefante que conmemoran la muerte de su amado tío. Solo tres patas se han elaborado. La cuarta brilla por su ausencia ya que es esa ausente pata la que simboliza la que mató a su tío en una estampida de elefantes en la África.

El Castillo del Inglés
No muy lejos de Las Pozas se encuentra la casa que fue del administrador potosino de Edward James. Conocida por antonomasia como “el Castillo del Inglés”, hoy día es un hotel donde existe un mural realizado por Leonora Carrington, la artista mexicana, y el Museo de Edward James. Caminando por los pasillos y de una sala a otra se encontrará con fotografías del excéntrico mecenas con su adorado guacamaya, moldes que se utilizaron para formar las esculturas, y un sinfín de objetos personales del inolvidable inglés. Edward James murió de una embolia en 1984 en San Remo (Italia).

24 Horas
  
Gruyères, deliciosa como su queso

Gracias a la fama adquirida por su delicioso queso, el pueblo de Gruyères en Suiza, brilla en el mapa mundial de la gastronomía. Este pintoresco pueblecito nos transporta paseando por sus calles peatonales a los tiempos medievales de caballeros y princesas.

Primero vamos a deshacer la confusión existente para muchos sobre el queso Gruyère. Los llamados en general quesos Gruyère puede referirse a ciertos quesos producidos en Francia y en Suiza. El Gruyère francés tiene grandes agujeros mientras el suizo es sólido y cremoso. En el 2001, el Gruyère suizo consiguió la Certificación de Origen deshaciendo así definitivamente el mito de los agujeros para el queso original.

Después de la aclaración, ahora sí podemos afirmar que el Gruyère auténtico, hecho 100% de leche pura de vaca, se lleva produciendo de igual manera en el pueblecito por siglos, siendo el orgullo de sus habitantes. Suponemos que ahora los franceses estarán pensando en cómo llamar a sus gruyeres agujereados.

Un bello castillo
Gruyères es una pequeña joya medieval, con castillo y todo. Considerado uno de los más imponentes de Suiza, fue habitado desde el siglo XI hasta el XVI, por diecinueve generaciones de condes de Gruyères. Como suele suceder, el último de ellos debió declararse en quiebra, en 1554. Sus acreedores, ni lerdos ni perezosos, se repartieron las extensas tierras.

El conde se arruinó, pero el castillo no. Después de albergar a distintos órganos de poder local y ser luego residencia veraniega de dos familias, en 1938 el Estado de Friburgo lo compró para convertirlo en museo.

Varios establecimientos como Le Chalet de Gruyères y el Hotel de Ville cercanos ofrecen platillos del medioevo, que son el deleite de los gourmets históricos. Todo ello ayuda a que el pequeño pueblo, situado a apenas una hora de Ginebra, sea uno de los más visitados de toda Suiza. Conocerlo es una experiencia fuera de serie. En el pueblo vecino de Pingly hay una factoría de quesos abierta al público para visitarla.

María del Mar Cerdas y Guillermo de la Corte colaboraron en este ar tículo.
  
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