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Saint Martin / Sint Maarten


Acariciada por las olas del mar Caribe y el Océano Atlántico, sus orígenes amerindios, europeos, africanos y asiáticos le imprimen un carácter especial desde la sofisticación europea a la originalidad criolla. Es una sola isla nación con dos aspectos, uno francés y el otro holandés. Y sus 37 playas color turquesa, temperaturas constantes suaves y baja humedad la hacen un lugar idílico para reposar o derrochar adrenalina.
Escrito por Guillermo de la Corte


Iba a ser mi cumpleaños y quería regalarme a mí mismo unas buenas vacaciones. Necesitaba el descanso. Así que sin pensarlo mucho compré el boleto de avión hacia un lugar para mí desconocido y altamente recomendado: Saint Martin/Sint Maarten.

> ¿Saint Martin o Sint Maarten?
Bueno, el nombre depende de que parte de la isla uno se encuentre, pues en un pequeño territorio insular de 87 km2 coexisten dos países, Francia y Holanda, en total armonía, con una frontera invisible que divide la isla en prácticamente dos mitades. En la realidad esa línea fronteriza es mucho más marcada que lo que muestran los mapas, pues estamos hablando básicamente de dos mundos diferentes.

Sint Maarten, el lado holandés, cuenta con grandes resorts, complejos de apartamentos modernos, el puerto marítimo y el aeropuerto internacional. La vida nocturna es agitada, entre clubes, discotecas y casinos, amén de la calle Front Street, la principal de Phillisberg, su capital, donde se agolpan cientos de tiendas, la mayoría libres de impuestos, que periódicamente son invadidas por hordas de turistas cuando en el puerto atraca algún mega barco en crucero. La moneda es el florín, el idioma el holandés, la electricidad es de 110 v. con enchufe americano, y socialmente más conservador.

Saint Martin, el lado francés, acoge al turismo de forma diferente. Es más sosegado, haciendo hincapié en la naturaleza y el disfrute del mar y las playas. Sus ciudades conservan la arquitectura criolla, y como buenos franceses, lo importante es “el saber vivir”, con lo cual, la buena gastronomía es una de las características de esa parte de la isla. Allí, los casinos están prohibidos, la moneda es el euro, el idioma el francés, la electricidad es de 220 v. con enchufe europeo, y como era de esperar, mucho más liberal socialmente.

En realidad es más fácil de lo que parece, pues todo el mundo se adapta y todo el mundo habla el idioma que sea con tal de entenderse, y a la hora de negociar, cualquier moneda es buena. El inglés es muy común al igual que el español en ambos lados, y el dólar americano circula al igual que las otras dos monedas.

> Pequeña historia
Aunque se han encontrado vestigios que establecen los primeros habitantes unos 3.350 años (a. C.), no es hasta más o menos 550 años (a.C.) que se sabe que los indios arawaks, provenientes de la cuenca del río Orinoco (Venezuela), emigraban pasando de una isla a otra en la cadena de islas caribeñas, y algunos de ellos se asentaron en la isla. La llamaban Svalugia o “La tierra de la sal”. En su segundo viaje a América, Cristóbal Colón descubrió la isla un 11 de noviembre de 1493, dándole el nombre del santo del día, San Martín de Tours. Sin embargo, los españoles no la ocuparon. En 1620, colonos holandeses llegaron a la isla interesados en la extracción de sal de las salinas a la vez que establecían un punto de enlace con Brasil y otras colonias. En 1630, colonos franceses establecieron plantaciones de azúcar, café, algodón y tabaco en otras partes de la isla. Los holandeses defi nitivamente ocuparon St. Martin en 1631, nombrando un gobernador y erigiendo el primer fuerte, Fort Amsterdam. Los españoles, furiosos de la incursión, recuperaron la isla en 1633, expulsando a los holandeses, aunque en 1647 la abandonaron defi nitivamente. Los holandeses y los franceses se volvieron a repartir la isla, esta vez bajo un tratado amistoso, que al final solo tuvo de amistoso el nombre, pues las disputas por la situación de la línea fronteriza fue constante hasta el año 1841, con el Tratado de París.

> Con el sol
Cuando se toma uno unas vacaciones en un ambiente playero, los primeros días se emplean en tumbarse al sol, bañarse en el mar y dormir. Después, cuando el cuerpo empieza a tomar energías, apetece empezar a explorar. Así que lo primero que hice fue unirme a un tour alrededor de toda la isla en un buggy para inspeccionar el terreno. Nos tomó unas cinco horas, incluyendo el tiempo de almuerzo. Fue muy interesante a la vez que contrapuesto, pues por un lado se ven las diferencias arquitectónicas entre el lado francés y holandés, y las bellezas naturales, y por otro la vida real de los pequeños pueblos y sus condiciones de vida.

Otro día decidí pasarlo en Marigot, la capital de Saint Martin. En primer lugar, el mercado al aire libre en el paseo marítimo es sumamente entretenido observando los vendedores de frutas, vegetales y pescados, e investigando los exóticos aromas de los cientos de especias naturales, algunos de los cuales me quedé sin llegar a descifrar. A lo largo del paseo hay boutiques, pastelerías, bistros y tiendas de venta libre de impuestos. No podían tampoco faltar los coloridos puestos de venta de ropa, accesorios y recuerdos. Ya era la hora de almorzar, así que nada mejor que ir a un “lolo”. Todavía nadie me ha sabido explicar de dónde viene lo de lolo, pero se trata de restaurantes típicos al aire libre donde los lugareños suelen ir a comer por un modesto precio y una buena calidad. Paré en Enoch’s Place y tuve que hacer una decisión ejecutiva para elegir entre el pargo o guachinango entero frito, el guiso de rabo de toro o los camarones a la criolla. Ganaron estos últimos por escaso margen. Una de las cosas típicas de los lolos y una tradición culinaria criolla en la isla es el Johnny Cake, un pan plano frito o al horno. Después del almuerzo, fui a visitar al Museo de los Arawaks, donde a través de restos y estudios arqueológicos, muestran un recorrido de la historia de la isla. No lejos de allí, aunque eso sí cuesta arriba, subí al histórico Fort Louis, desde donde hay una preciosa vista de la ciudad y su bahía. Al ver el panorama, uno comprende las razones estratégicas por las cuales el fuerte se construyó allí mismo.

Por la tarde me dirigí a Loterie Farm, un bosque tropical, con la intención de dar una caminata, pero al llegar allí cambie de idea y decidí aventurarme en el recorrido Flyzone Xtreme. Mala idea. Yo creía que se trataba solo de saltar de árbol en árbol deslizándose en un cable. Sí, pero además de eso, incluía caminar sobre un cable, como en el circo, o sobre un tronco suspendido tambaleante, o sobre puentes colgantes. En fin, mucho más complicado y demandante físicamente que lo que estaba dispuesto a aguantar.

Al día siguiente, que era mi cumpleaños estaba destinado a una excursión mar adentro en catamarán. Bordeamos la isla británica de Anguila y nos dirigimos a la diminuta pero preciosa isla solitaria llamada Sandy Island de arena blanca y aguas turquesa cristalinas. Un mini paraíso. De ahí navegamos hacia los impresionantes acantilados de Crocus Bay en donde una vez anclado el catamarán disfruté de una buena zambullida en un paraje espectacular. Y para almorzar, la tripulación tenía preparado un cochinillo que habían asado en la cubierta mientras navegábamos. Muy recomendable experiencia.

El conocer otras playas para un futuro viaje siempre es interesante. En la zona holandesa destaca: Dawn Beach – Oyster Pond, en una rústica parte al este de la isla. Arena blanca ideal para tomar el sol y buceo; Cupecoy Beach, cerca de la frontera francesa, muy íntima, es una de las mejores de la isla, con una arena suave blanca; Green Bay, detrás de la calle Front Street en Philipsburg, ofrece una bonita arena blanca y multitud de bistros, restaurantes y entretenimiento. Frecuentada por los turistas de los cruceros. En la zona francesa sobresalen: Baie Longue, buena para nadar y bucear: Baie Rouge, para muchos la mejor de toda la isla: Ilet Pinet, una pequeña isleta a la que hay que llegar por ferry, pero ideal para nadar y para los niños: Baie Orientale es una preciosa playa, llena de ambiente. El sitio para ver y ser visto. Bonitos cuerpos de hombre y mujer, bronceados por el sol caribeño con bañadores multicolores y bikinis (o medio bikini). Muchos restaurantes a pie de playa, desde el primero Boo Boo Jam, regentado por su dueño, nativo de Saint Martin, desde hace 25 años, que sirven comidas autóctonas, hasta el último, Pedro’s, con cocina local y frecuentado por lugareños. Este restaurante marca el límite entre la playa popular y la naturista.

> Kerosene Beach
La cabecera de pista del aeropuerto internacional Princesa Juliana (SXM) comienza justo al borde de la arena de la playa Maho Beach. Entonces, el entretenimiento de los lugareños y turistas, a niveles masivos, es ver el aterrizaje de los grandes jets, que pasan casi rozando las cabezas de los bañistas. Algunos incluso la llaman Kerosene Beach, por el olor del combustible que desprenden los aviones. El bar Sunset Beach Bar, colocado estratégicamente, tiene un extraordinario negocio solamente de la gente que se toma algo mientras espera a la llegada de los aviones. En una tabla de surf, que usa como una pizarra, tiene escrito los horarios de llegada, para informar a los curiosos. Eso sí es tener un buen negocio sin hacer nada.

> Con la luna
La cena es algo especial, que merece atención. La isla es una amalgama de orígenes, así pues su oferta gastronómica va tan lejos como la cantidad de países y etnias representados. Sin desmerecer la cantidad de buenos restaurantes en Sint Maarten, la zona holandesa, no hay duda que en la francesa sobresale, especialmente en el pueblo de Grand-Case, en cuyo bulevar principal se encuentra con una gran concentración de restaurantes hasta el punto que está considerada como la Capital Gastronómica del Caribe. Y no solo cuenta con sofisticados restaurantes de cocina francesa, caribeña y criolla sino que también tienen cabida los populares lolos. El restaurante Le Cottage fue uno de nuestros favoritos donde pudimos saborear los clásicos escargot (caracoles) guisados y como postre un suflé de caramelo, de pecado. Calmos Café es un simpático y casual restaurante-bar de playa en el que las mesas están enclavadas en la misma arena, resultando especialmente agradable en la noche a la luz de un farol, con la música de las olas como fondo.

Ya en Grand-Case recorrimos algunos lugares de entretenimiento con música en vivo como Zen It y Blue Martini. Sin embargo, la acción se encuentra más en el lado holandés con un docena de casinos en Philipsburg, Maho Beach, Cupecoy y Simpson Bay, y bares con música en las mismas áreas como Bamboo Bernies, Chri’s Café y Holland House, o clubes como Bliss y The Alley hang out!

> Es todo
Parece que todo lo bueno se acaba. Sin embargo, siempre queda algo en el tintero que nos hubiese gustado hacer y que el tiempo no nos permitió. En la isla, además de todos los deportes acuáticos y náuticos, existen multitud de otras cosas que hacer que implican contacto con la naturaleza como caminatas en reservas naturales y recorridos en bicicleta. Además, hay un buen campo de golf, Mullet Bay Golf Course, aunque es el único en la isla, es una amena opción más que se le ofrece al deportista. He disfrutado tanto que me sirve de incentivo para programar una próxima visita.



Más información

Office de Tourisme de Saint Martin
www.st-martin.org

Hotel Le Domaine de Lonvilliers
www.hotel-le-domaine.com

Master Buggy
05 90 72 82 20

Crucero en Catamarán
www.winner-touch.com

Loterie Farm
www.loteriefarm.com

Restaurantes

Le Réservé
La Samanna Hotel
www.lasamanna.com

Le Cottage
www.restaurantlecottage.com

Bacchus
www.bacchussxm.com

Les Boucaniers
05 90 29 21 75

  
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